Sin dudas un tema emblemático para la región del Maule, sobre todo para los habitantes de la ciudad de Linares, -capital provincial-, resulta ser el proyecto hidroeléctrica Centinela, el cual consiste en la construcción y operación de dos centrales hidroeléctricas de pasada en serie en el río Achibueno, - ubicado en la precordillera-, denominadas El Castillo y Centinela, con una potencia total instalada de 135 MW.
Situación polémica que mantiene latente una pugna entre quienes defienden el declarado Santuario de la Naturaleza, -categoría otorgada el año pasado por el Gobierno de la Presidenta Michelle Bachelet-, la empresa que lleva adelante el proyecto y autoridades locales y nacionales.
Cabe consignar que la inversión en cuestión bordea los 385 millones de dólares y hasta el momento la compañía ha ganado todas las acciones judiciales y ambientales.
El río Achibueno es considerado uno de los más prístinos de la zona central y no cuenta con intervención, siendo el único con esa condición dentro de la región. El lugar además se catalogó por la Comisión Nacional de Medio Ambiente (Conama) como uno de los cinco Sitios Prioritarios de Conservación de la Biodiversidad. Características que hacen que sea un lugar turístico y de importancia sustancial para sus habitantes y la gente de sus alrededores.
Para la académica de la Escuela de Trabajo Social de la U. Católica del Maule,- campus Curicó-, Pilar Muñoz, la instalación del Proyecto significa un riesgo para las personas, por ejemplo por la inundación de tierras, los desechos y escombros que se acumulan en el proceso de construcción, que se transforman en un peligro para la salud, pero también por las divisiones que provocan en los territorios, los conflictos que se generan entre los habitantes y los trabajadores de la empresa que pertenecen a la zona.
“Se debe considerar que el río ya no cuenta con los mismos caudales que hace décadas o años, producto de fenómenos como por ejemplo el cambio climático, entonces no cuenta con tanto potencial energético, aunque se tomen medidas de mitigación”, indicó la experta UCM, quien además agregó que “este proyecto necesita intervenir el doble de kilómetros del río que otros proyectos similares, para así generar la misma cantidad de energía. Entonces no es difícil creer que tendrá un impacto considerable y quizás irreversible para el ecosistema”.
Turismo en riesgo
La profesional de la U. Católica del Maule, quien cuenta con un Magíster en Análisis Sistémico aplicado a la Sociedad, agregó que tampoco se puede olvidar que se trata de un sector donde el turismo es basal y que incluso se potencia dentro de la región.
“La construcción de este tipo de proyectos que podrían dañar su medioambiente, se transforma en una merma económica, afectando el desarrollo local y por ende al bienestar de muchas de las familias que habitan el lugar, generando incluso, y a modo de ejemplo, una migración forzada”, aseveró.
Muñoz además sostiene que “lo ideal sería que este tipo de proyectos se revisarán nuevamente, con la rigurosidad necesaria, que permita dimensionar efectivamente cuáles son los impactos para el ecosistema, pero que también se incluya el saber experto local de los territorios que son parte de estos conflictos, y que de esta forma, se protejan los ríos de Chile, en este caso el Achibueno”.
Promesas y compromisos
A la académica UCM le llama la atención que la actuales autoridades validen la construcción de estas centrales hidroeléctricas, sin existir un real estudio de las consecuencias que estas podrían traer en la zona. “Actualmente no se cuenta con una institucionalidad que dé respuesta a este tipo de conflictos, que cuente con procesos que releven los saberes locales y las distinciones de los habitantes de los territorios, más bien los intereses económicos se logran acoplar a los intereses del sistema político, invisibilizando el sentir de las comunidades y cómo se imaginan o sueñan el futuro de sus bienes comunes”, indicó.

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